Una de las mayores problemáticas de la actualidad se relaciona con el rápido proceso de incremento de la temperatura de la Tierra, que tiene consecuencias nefastas sobre el clima y, en consecuencia, en la integridad de los distintos ecosistemas y sus habitantes. La explicación a este suceso es compleja, pero existe un acuerdo global sobre el efecto del hombre en su intensificación.

La temperatura media del planeta ha aumentado en un grado centígrado en el último siglo, y las tres cuartas partes de este incremento han tenido lugar desde el año 1975, lo que deja en claro el origen antropogénico del calentamiento global. Como consecuencia se han observado diferentes efectos en el clima mundial, como la desertificación, el derretimiento de las capas de hielo polares, un aumento en la frecuencia de fenómenos climáticos de magnitud y la pérdida de biodiversidad.

El principal responsable del proceso de calentamiento global es la emisión de gases de efecto invernadero como producto de la actividad industrial del hombre. Estos gases, en particular el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y los óxidos de nitrógeno y azufre (NOx y SOx), actúan acumulándose en la atmósfera y evitando la dispersión de la radiación térmica, que es reflejada nuevamente hacia el suelo. Es por este motivo que en los últimos años se han desarrollado estrategias para disminuir la producción de estos gases.

En particular, la abundancia de emisiones de CO2 ha llevado a la comunidad científica y política a la búsqueda de soluciones particulares para reducir el nivel de este gas en la atmósfera. Las opciones en aplicación en la actualidad consisten en la captura de CO2 y su almacenamiento en depósitos subterráneos, su fijación y aprovechamiento (en procesos productivos existentes o como fuente de carbono para microorganismos), y la reducción en origen de su emisión, a fin de evitar una mayor acumulación de este gas en la atmósfera.