Los dinosaurios fueron un gran grupo de reptiles que habitó la tierra hace decenas de millones de años. Son algunas de las criaturas que más fascinan al hombre, no sólo por sus particularidades en cuanto al tamaño, el comportamiento y su dominación total del ambiente terrestre en su época, sino también por lo catastrófico de su desaparición.

El fenómeno de la “Gran Extinción” tuvo lugar hace aproximadamente 65 millones de años, según las estimaciones más aceptadas entre los paleontólogos. Este hito marca el fin del período Cretácico y el comienzo del Paleógeno, con una gran alteración de la flora y fauna predominante en la superficie terrestre.

Sin dudas, la teoría más conocida que explica el proceso de extinción de los dinosaurios es aquella que estipula la caída de un asteroide, de un tamaño tal que su impacto modificó el clima planetario de una manera dramática. Una nube de polvo se dispersó por toda la atmósfera impidiendo el paso de la luz solar, condenando a las especies vivientes a una oscuridad permanente. En particular, el proceso de fotosíntesis se vio afectado seriamente por esta falta de energía solar, lo que impactó seriamente en toda la cadena trófica.

Sin embargo, otras teorías coexisten bajo una explicación similar. Algunos geólogos y paleontólogos creen que el fenómeno natural que devino en la extinción masiva de los dinosaurios fue la explosión de un gran volcán. Este fenómeno de vulcanismo habría expulsado no sólo grandes torrentes de lava, sino también una cantidad impresionante de material particulado y ceniza, que se mantuvo en suspensión en la atmósfera y afectó el clima de todo el planeta.

Ambas teorías se basan en la misma evidencia científica, la presencia de un manto del metal iridio en la capa geológica correspondiente a ese período. El iridio es un material raro en la Tierra, pero muy frecuente tanto en asteroides o meteoritos, como en el núcleo del planeta, donde se generan los volcanes.