Los volcanes son unos de los fenómenos de la naturaleza más interesantes y atractivos. Esto se debe fundamentalmente al poder que desatan sus erupciones, que han pasado a la historia por haber incluso arrasado con pueblos enteros en la antigüedad.

Estas estructuras se forman como consecuencia del movimiento de las placas tectónicas que conforman la superficie terrestre, en particular en las zonas límite entre placas, donde como producto de los choques entre ellas se producen pliegues en la corteza que dan lugar a la formación de montañas y además a derretimiento de las rocas que pasarán a formar el magma en el interior de la Tierra. Con el tiempo, la acumulación de roca fundida genera una gran cantidad de presión y comienza a ascender a través de las grietas que se forman en la corteza por los movimientos tectónicos. Una vez que el magma sale a la superficie se lo denomina lava y se solidifica formando los famosos conos de volcán, que pueden reconocerse habitualmente en imágenes. Estos conos pueden darse tanto al nivel del mar como en el entorno submarino.

En la actualidad existen aproximadamente 1500 volcanes activos, la mayoría de los cuales se encuentran ubicados en torno al Océano Pacífico, en una zona conocida como el “anillo de fuego”. Uno de los volcanes activos más famosos es sin dudas el monte Vesubio, en Nápoles al sur de Italia. Como producto de su actividad tuvo lugar una de las erupciones volcánicas más famosas de la historia, la del año 79, que terminó con una expulsión de lava y gases que arrasó con las ciudades de Pompeya y Herculano, provocando la muerte de todos sus habitantes. Sin embargo, la solidificación del magma permitió conservar las estructuras, los objetos e incluso las siluetas de las personas, aportando así una gran cantidad de información acerca de los hábitos y la vida en las ciudades del Imperio Romano.