La producción de biodiesel es una de las alternativas más estudiadas para el reemplazo de los combustibles de origen fósil. El agotamiento de las reservas de petróleo en algunos países y el creciente peso de las emisiones de dióxido de carbono, han acelerado el proceso de búsqueda de nuevas opciones para sostener la demanda energética mundial.

En particular, la producción de biodiesel de algas se presenta como una opción interesante. Esto se debe a que las microalgas tienen un tamaño reducido, por lo que pueden criarse en gran cantidad en espacios no tan extensos, pueden fijar el dióxido de carbono de la atmósfera a partir de la fotosíntesis, y a causa de que su crecimiento es mucho más rápido que el de las plantas superiores.

Las microalgas fotoautótrofas utilizan la energía solar y el CO2 para producir compuestos orgánicos a partir de la fotosíntesis oxigénica (con liberación de oxígeno). Uno de estos metabolitos son los lípidos, que pueden ser tratados químicamente para la producción de biocombustibles. En particular, aquellas cepas con alta productividad de lípidos y con un contenido celular elevado de triglicéridos son las más indicadas para incrementar la productividad del proceso y disminuir los costos.

La biomasa de microalgas se cultiva generalmente en lagunas abiertas o en fotobiorreactores, en condiciones de abundancia de nutrientes (en particular P y N) para fomentar un gran y rápido crecimiento del número de células. Posteriormente, se recupera la biomasa empleando diferentes técnicas, como la sedimentación o la floculación, se seca por acción del sol u otros mecanismos, y se trata con solventes para extraer los compuestos de interés. Finalmente, los lípidos se convierten en biodiesel mediante la reacción de transesterificación.

Pese a las enormes ventajas que presenta este proceso, en la actualidad no existe la posibilidad de llevarlo adelante a escala industrial en forma rentable. Es fundamental continuar con el trabajo de investigación para disminuir los costos de cada etapa.