El programa Apollo fue sin dudas el plan de desarrollo tecnológico para la exploración del espacio que otorgó a la agencia espacial norteamericana, la NASA, el reconocimiento y liderazgo a nivel mundial con el que cuenta en la actualidad. Este programa surgió como iniciativa del presidente Kennedy en respuesta al liderazgo soviético en el campo de los satélites espaciales.

La nave Apollo contaba con tres módulos ensamblados, que cumplían funciones diferentes: en primer lugar el módulo de comando, que comprendía el hábitat de los astronautas y los controles de la nave; en segunda instancia, el módulo de servicio, encargado de las tareas de soporte de la nave y del manejo de la propulsión de la Apollo; y finalmente el módulo lunar, un vehículo independiente diseñado específicamente para el procedimiento de aproximación y aterrizaje sobre la superficie lunar. En total, se realizaron 12 misiones por medio de este programa, que contribuyó a adquirir un gran conocimiento con respecto a la capacidad humana para desarrollar tareas en un entorno con fuerza de atracción gravitatoria muy reducida, como el que se encuentra en la Luna. Sólo una de estas misiones tuvo un desenlace fatal, la misión Apollo 1, la primera del programa, como producto de un incendio del módulo de comando que provocó la muerte de todos los astronautas.

El éxito se alcanzó finalmente en el año 1969, cuando el Apollo 11, comandado por Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin logró alunizar. Las palabras de Armstrong al hacer pie sobre la Luna, “este es un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad”, quedaron para siempre grabadas en la memoria de los millones de espectadores que siguieron el evento en directo en todo el mundo. Este momento representó el símbolo de la unidad global para la exploración y la conquista del espacio, un objetivo que no debía quedar teñido de aspiraciones geopolíticas.