Quienes se interesan por los misterios no resueltos o de difícil resolución en las ciencias, encuentran en los problemas de matemática una fascinación particular. Entre algunos de estos problemas que permanecieron sin respuesta durante cientos de años, el último teorema de Fermat cuenta con una de las historias más interesantes.

El último teorema de Fermat plantea que la ecuación a^n + b^n = c^n no tiene solución para números a, b y c enteros, a valores de n mayores a 2. Este teorema que en un principio puede parecer sencillo, permaneció sin demostración hasta la década del ’90, cuando en el año 1994 el matemático británico Andrew Wiles logró poner fin a 358 años de incertidumbre.

¿Por qué este teorema captó tanto interés? Quizás por la naturaleza misteriosa de su descubrimiento. Se conoció por primera vez a través de una nota que el matemático francés Pierre de Fermat escribió sobre el margen de una copia del libro Arithmetica en el año 1637. Allí, él declaró conocer una prueba definitiva pero demasiado larga para escribirla en dicho espacio. Desde entonces, los intentos por demostrar este enunciado llevaron a grandes desarrollos en la teoría de números del álgebra y otras ramas de la matemática.

Otra de las particularidades que encierra al último teorema de Fermat, es que existió incluso un concurso abierto durante 100 años para premiar a quien encontrara una demostración definitiva. Fue Andrew Wiles quien logró quedarse con la recompensa en dinero aproximadamente 15 años antes de la finalización de la convocatoria. Su impecable prueba del teorema, que permitió desarrollar el campo de las curvas elípticas semiestables y otros elementos de aplicación importante en la matemática teórica, le valió también el premio Abel del gobierno noruego, un galardón que se entrega anualmente a los matemáticos más notables del mundo por sus contribuciones en esta disciplina.