El mal olor axilar es un problema que puede afectarnos a todos pero generalmente no nos preguntamos cuál es su origen. Las glándulas sudoríparas que tenemos en nuestro cuerpo son responsables de secretar el sudor como parte del mecanismo de regulación de la temperatura del cuerpo, pero ¿es ésta la explicación?

En realidad, la producción de los compuestos que producen mal olor es más complicada. En primer lugar, cabe aclarar que el sudor es un líquido inodoro y estéril cuando llega a la superficie de la piel. Sólo por medio de la acción de distintas bacterias que viven en ella y se alimentan de los nutrientes presentes en el sudor es que se liberan estos químicos de olor desagradable. De las bacterias que habitan la piel, sólo las gram positivas del género Corynebacterium y Microccocus son las que pueden producir este tipo de compuestos.

Las corinebacterias metabolizan los ácidos grasos de cadena larga para formar ácidos grasos volátiles de cadena corta y mediana, que liberan malos olores. De la misma manera, estas bacterias degradan por acción enzimática otros precursores para formar tioles, algunos de los compuestos presentes en el sudor más oloroso.

Los desodorantes antitranspirantes funcionan para prevenir el mal olor axilar porque reducen la cantidad de sudor que llega a la piel, por lo que las bacterias cuentan con menor cantidad de alimento para metabolizar y producir malos olores. Algunos de ellos cuentan también con agentes antimicrobianos que reducen la concentración de bacterias de todo tipo en la piel, otro factor que contribuye a combatir la producción de sudor agrio.

También existen factores genéticos que condicionan la intensidad del mal olor axilar. Se ha descubierto que el gen ABCC11 controla la concentración de precursores químicos en las secreciones glandulares. Esto explica que las poblaciones de origen asiático no presenten o presenten un leve mal olor axilar, mientras que las poblaciones de origen africano y europeo secreten una transpiración de olor más intenso.