El proceso de calentamiento global y sus graves consecuencias sobre la fauna, flora y el clima del planeta, han llevado tanto a la comunidad científica como a los gobiernos e instituciones a trabajar conjuntamente para frenar este proceso de deterioro. El concepto de desarrollo sustentable fue acuñado por primera vez en el reporte Brundtland (nombre del entonces primer ministro noruego) en el año 1987.

Las preocupaciones surgidas en la primera Cumbre de la Tierra, que tuvo lugar en Estocolmo en el año 1972, acerca del pronto agotamiento de las reservas de combustibles fósiles y el incremento de las emisiones de efecto invernadero, sentaron las bases de la idea del desarrollo sostenible. Según este criterio, es posible alcanzar el crecimiento económico de los países preservando la integridad de los ecosistemas y manteniendo un nivel adecuado de explotación de recursos naturales.

Los ejes principales del desarrollo sustentable son: el empleo de recursos renovables para la producción, a un nivel que permita la renovación natural de dichos recursos; el empleo de fuentes de energía eléctrica alternativas al petróleo y sus derivados; la reducción al máximo de los desechos y todo tipo de emisiones contaminantes, mediante un exhaustivo análisis del proceso productivo, o por medio de su tratamiento o reaprovechamiento como materia prima para procesos secundarios; y finalmente, aumentar el bienestar general de la población al tiempo que se preserva el ambiente para las generaciones futuras.

En este marco, los países han incrementado los trabajos de cooperación para establecer objetivos y soluciones que permitan cumplir con estos objetivos. En particular, la cumbre climática de París del año 2015 logró un acuerdo inédito entre países desarrollados y en vías de desarrollo para contener el avance del calentamiento global. La conferencia estableció metas de presupuesto para lograr limitar el aumento de la temperatura terrestre entre un valor de 1,5 y 2 grados centígrados.