Según la versión que presentan los libros de ciencia ficción, las series de televisión y el cine, los agujeros negros son los sectores del espacio más temidos. Pero, ¿cuál es la realidad científica del origen y el comportamiento de este fenómeno? La física y la astronomía tienen algunas respuestas al respecto.

De acuerdo al conocimiento científico actual, un agujero negro consiste en una región del espacio donde la fuerza de atracción gravitatoria es extremadamente fuerte. Esto se debe a que allí se concentra una descomunal cantidad de materia, por lo que la densidad es elevadísima, y la fuerza atractiva es tal que no permite siquiera la salida de la luz.

Pese a que no emiten luz, los agujeros negros pueden ser detectados por el efecto que producen en el espacio a su alrededor. Estas alteraciones, junto con la producción de alta energía al interactuar con otros agujeros negros, permiten a los científicos analizar su presencia aunque no puedan ser vistos de una forma convencional. Con este fin, se utilizan detectores y telescopios especiales.

¿Cuál es el origen de este fenómeno? Según la opinión mayoritaria entre los astrónomos en la actualidad, buena parte de los agujeros negros de menor tamaño (que pueden incluso tener dimensión atómica) se formaron durante la creación del universo por el “Big Bang”. Los agujeros negros más masivos, en cambio, se generan como parte del proceso habitual de la muerte de las estrellas. Entre ellas, las de mayor tamaño pueden colapsar en sí mismas formando supernovas (una explosión estelar), o agujeros negros si la liberación de energía no es suficiente.

Sin embargo, mucho de lo que vemos en las películas no es cierto. Los agujeros negros no son entidades que se desplazan por el espacio devorando estrellas y planetas. Incluso si nuestro Sol fuera reemplazado por un agujero negro de la misma masa, el Sistema Solar no se alteraría porque la fuerza de atracción gravitatoria que experimentarían los planetas sería idéntica. Todos orbitarían en torno del agujero negro tal como lo hacen con respecto al Sol.